ECCE HOMO

Padres Carmelitas. Ecce Homo. Imagen de Luis Fernández de la Vega (h.1650)
Padres Carmelitas. Ecce Homo. Imagen de Luis Fernández de la Vega (h.1650)

En una villa como en Medina del Campo, que conserva un patrimonio escultórico de extraordinaria riqueza, resulta sorprendente la ausencia de tallas completas en bulto redondo con el tema del Ecce Homo. Este hecho es aún más insólito si tenemos en cuenta que, tras la Crucifixión y junto al Nazareno, es la escena más representada en la abundante iconografía de la Pasión. El deseo de incorporarlo a los desfiles de Semana Santa, es el único motivo por lo que la cofradía del Santo Sepulcro acompaña a esta imagen de busto, de notable calidad, pero extraña el deseo de verismo siempre presente en la escultura procesional.

Ecce Homo
Ecce Homo ( Luis Fernández de la Vega, 1650)

La presentación de Cristo ante el pueblo, tras los azotes y la coronación de espinas, comienza a ser frecuente en el arte castellano en los años finales de la Edad Media, De este momento son las primeras tallas en las que, más allá del momento concreto, ya se busca sintetizar en una sola imagen todos los sufrimientos del grama. Este aspecto simbólico se acrecienta en la variante del busto, de probable ascendencia italiana, que comienza a ser utilizada en nuestra escultura a mediados del siglo XVI. El modelo de este momento, diferente al que triunfará con el barroco, está más preocupado por la belleza formal que por inspirar devoción.

A medida que se imponen las normas del Concilio de Trento, acentuándose el valor de la penitencia, cambia el mensaje y el número aumenta considerablemente. Tenemos constancia documental de que las cofradías castellanas empiezan a incluirlo entre sus pasos al menos desde la segunda mitad del siglo XVI. En una fecha tan temprana como 1565, ya se menciona un Ecce Homo en la de Nuestra Señora de la Pasión y, en 1595 - 96, en la de Nuestra Señora de la Piedad, ambas en Valladolid.

Al llegar al siglo XVII, el tema supera por completo el ámbito narrativo para pasar a ser el resumen de toda la Pasión. En este contexto hay que situar esta escultura que se conserva en el Convento de las Carmelitas, anteriormente Agustinas Recoletas. Cristo levanta su cabeza hacia el cielo con un gesto de súplica por la humanidad a la que se alude con la leve caída de la mano izquierda. El manto púrpura que cubre la espalda y la mano derecha, cerrada por contener la caña, reflejan la burlesca coronación.

La talla ha sido atribuida por Martín González al escultor asturiano Luis Fernández de la Vega (1601 - 1675). Aunque no ha podido ser demostrado documentalmente, la dependencia estilística de Gregorio Fernández ha llevado a aceptar un periodo de formación en Valladolid que siempre le han adjudicado sus biógrafos. Vuelto a Asturias, pronto se convirtió en el más importante artista de la región. Allí trabajó durante el resto de su vida logrando la fama con la que ha sido recordado.

La atribución del Ecce Homo parece indiscutible. Es idéntica la forma de callar cabello y barba a la que se emplea en obras de singulares iconografía, que el Nazareno de Soto de Aller. También se corresponde con obras documentadas la dureza del plegado y la policromía, ajena, como indica Martín González, a la peculiar de la escuela vallisoletana.

Por si las razones estilísticas no fueran ya suficientes, tenemos certeza del trabajo de Fernández de la Vega en otras obras para el mismo lugar en el que se encuentra el Cristo. El convento fue fundado gracias al patronazgo del obispo de Oviedo don Bernardo Caballero de Paredes, natural de Medina del Campo. Este prelado fue uno de los principales mecenas del escultor asturiano y para la fundación en su villa natal le encargó los dos retablos del crucero. La atribución propuesta por Urrea Fernández fue posteriormente confirmada por Ramallo Asensio al localizar el contrato firmado en 1650. Esta fecha puede servir de pauta para establecer la cronología del Ecce Homo.

La calidad de la talla permite incluir entre los más notables de este artista y su importancia en el contexto de la escuela asturiana es grande. De no descubrirse nuevas obras, sería el único testimonio que ha llegado a nuestros días de una tipología, diferente a la vallisoletana, que más tarde continúa con gran acierto Antonio Borja.

Bibliografía

Martín González y otros, 1970, p.174. Martín González, 1985, pp. 474 - 476.

UN ECCE HOMO ATRIBUIDO A FERNANDEZ DE LA VEGA. J.J. MARTÍN GONZÁLEZ